Arquitectos de nuestro cerebro (II).

Segunda entrega del artículo de Rocío Tapia, arquitecta y coach. Como ya comentamos, según nuestra última encuesta, sólo el 5% de los arquitectos se ha reconvertido con “éxito” (es decir, consiguiendo ser más que mileurista). Esto revela una resistencia al cambio importante en nuestra profesión, y con esta serie de post ahondamos en los mecanismos que tienen que ver en ella.
sin_miedo

Acabamos el post anterior diciendo que las costumbres y las tradiciones crean ley, y agregamos, que al igual que las leyes se cambian para adaptarse a los tiempos que corren, sería lógico pensar que esto es extrapolable a las costumbres y tradiciones de esta profesión de arquitectura donde se está produciendo un cambio de modelo.

Yendo de lo general a lo particular, podemos decir que en torno a la costumbre se crean reglas más o menos dogmáticas para evitar o endulzar la muerte la mayor parte del tiempo.

El miedo, cualquier miedo es miedo a la muerte, a desaparecer a dejar de existir en este entorno del que formamos parte. Después lo sofisticalizamos  según el entorno o el tiempo en el que estemos, pero básicamente es miedo a la muerte, porque ¿recordamos la función de nuestro cerebro que os conté?… La supervivencia.

Y como no quiero morir y tengo miedo de que llegue: “El miedo y la pereza son los dos grandes hándicaps del cambio”.

Miedo a la pérdida, ya sea simbólica, como psicológica, como física. Y la pereza de darse cuenta que ya no soy especialista en este nuevo mundo y que tengo que aprender algo nuevo, y ya sabes, ponte a buscar glucosa… ¡uff! Bueno, hay otro más que más adelante os cuento con eso del autosabotaje.

¿Qué miedos tenemos los arquitectos?

  • Desde el punto de vista de la pérdida simbólica:

A que nuestra tribu de referencia, nos juzgue, nos ningunee, nos cuestione, nos rechace y nos ignore. Y nuestra tribu de referencia puede ser la misma sociedad, los colegios y sus colegiados, las escuelas y sus estudiantes… la familia.

Esto tiene que ver con el ego y su estatus y no se trata tanto de matar al ego tiránico y victimario, como aseveran muchas corrientes de autoayuda,  sino de integrarlo para llevarlo al equilibrio, educándonos en autoliderazgo.

  • Desde el punto de vista de la pérdida psicológica:

Tiene que ver con no ser, o dejar de ser, competente en algo. En este nuevo entorno hay que aprender nuevas competencias estratégicas, entre ellas las emocionales y las financieras… Ni nos podemos extirpar la amígdala cerebral ni dejar de usar dinero como un puente de cambio a cambio de otra cosa. Así que como son recursos a nuestro alcance, ¿por qué en vez de seguir permitiendo que nos condicionen aprendemos a pilotarlos?

  • Desde el punto de vista de la pérdida física:

Tiene que ver con la pérdida de tu trabajo o la expectativa de él, de tu casa o la expectativa de ella, de una forma de vida prometida por un sistema social que se anda reinventando en estos días, e incluso de la pérdida de tu propia vida. Y poniendo ejemplos más claros, de la posible pérdida de una forma tradicional de ejercer esta profesión, de colegios profesionales y de una LCSP.

Ante semejantes miedos, ¿qué podemos hacer?

Huir o confrontar. Algunas veces esa huida es una huida hacia adelante, pero otras tantas son hacia atrás, niegas lo que hay y te paralizas. ¿Cuál es tu caso?

 ¿Para qué quiere nuestro consciente aprender métodos y aplicar reglas, e introducir leyes y aprender trucos?

Para pilotar en automático y seamos un sistema sostenible en nosotros mismos. Una parte de nuestro sistema (ese 7% consciente) funcionando al 200% de su capacidad constantemente no es sostenible.

¿De dónde proceden los primeros programas mentales que usamos?

De la educación recibida, de las creencias heredadas y opiniones de otros fagocitadas, de nuestros propios valores y de nuestra propia experiencia vital.

Aprender métodos, ya sea un hábito, ya sea una forma de enfocar la vida, ya sea un comportamiento profesional nuevo, ya sea una gestión emocional, ya sea un comunicarse con otros, saltará como predeterminado en tu sistema y no te tienes que poner a pensar cómo lo solucionarías. Es como ir en piloto automático en tu personal programa de “Mi  supervivencia 3.0”.

El tema viene cuando ese programa ya no te sirve, porque el entorno cambió. Esto es, como si el entorno fuera un nuevo sistema operativo que requiere de nuevos programas. Algunos me seguirán funcionando pero llega un momento en el que tienes que ir buscando versiones nuevas si es que quieres estar en el mundo.

Cómo cambiarlo y darse cuenta.

Si mi cerebro está programado para mi supervivencia, ¿estoy condicionado a repetir lo que ya sé que está obsoleto?

No, para nada, no estás condicionado, tan solo es una cuestión de voluntad, reaprendizaje y pasión, porque ¿no vamos a gastar el tiempo, glucosa y recursos en algo que no nos gusta? ¿O sí?

En los años 60, el canadiense y doctor en neuropsicología Donald Hebb, presentó una teoría sobre el aprendizaje y la memoria basada en la naturaleza de las transmisiones sinápticas del sistema nervioso central. Se descubrió que aprendemos nueva información mediante la creación de nuevas conexiones sinápticas entre neuronas.

Os cuento:

Sean dos neuronas vecinas inactivas cuya única relación sea su cercanía. Se producirá una conexión entre ellas cuando ante un estímulo interno o externo, ambas se activan más o menos a la par. Cuando esto pasa de manera reiterada las células y las sinapsis que existen entre ellas sufren un cambio químico, de manera que cuando alguna de ellas se active, la otra también lo hará más fuertemente, como en un proceso de retroalimentación continua. Con el tiempo esta conexión será tan fuerte que la relación será más firme y duradera facilitando que en el futuro se activen a la vez y con mucha más facilidad que antes, consiguiendo al final una estructura neuronal específica. Si esto se hace con dos grupos de neuronas, o más, la estructura será mayor. Y así, este nuevo enfoque de pensamiento, hábito o aprendizaje nos saldrá de manera automática.

En términos diarios, cuando estás aprendiendo un nuevo hábito lo que pasa es esto. Cuando estas en un proceso creativo, está pasando esto, cuando estás solucionando algo, está pasando esto, pero también pasa si el motivo de tu hábito tiene que ver con pensamientos negativos que producen emociones de malestar. Básicamente tu mentalidad, tu aprendizaje, tus experiencias, tus patrones de pensamiento o creencias, en definitiva, tu marco referencial tiene que ver con este proceso. De ahí que sea tan importante en lo que te estás enfocando. Y no se trata de hacer oídos sordos a lo que pasa en nuestro entorno, pero sí en tomarlo como datos para enfocar nuestro cambio dentro de unos límites razonables y neutralizar el drama.

¿Y por qué es tan importante hacer lo que nos apasiona y poner en valor nuestra creatividad para encontrar soluciones diferentes a esta situación tan diferente?

Nuestro cerebro crea recuerdos impregnados de emociones para recuperar por asociación la información que hemos ido almacenando en él. Esta información recoge todo el amplio abanico de datos Visual, Auditivo, Kinestésico, Olfativo y Gustativo, lo que se conoce en PNL (Programación Neurolingüística) como VAKOG. Es la forma de poder rastrear químicamente esos datos en nuestro cerebro para usarlo posteriormente.

Cuanto más fuerza tenga y mayor bienestar te produzca, más vas a reproducir este enfoque con el que le quitarás poder al programa pasado que te estaba cercenando, y se trata de facilitarte el camino y poner tu cerebro a tu favor.

Sí, te autosabotearás pensando: “bueno, lo dejo para mañana”. ¡Espera! ¿Sabes que llevamos una especie de yonqui en nuestro interior?

Cuando comienzas a crear un nuevo hábito o red neuronal nueva con un enfoque expansivo, como las células de tu cuerpo esperan recibir la química del hábito no productivo anterior, mandan una señal por vía rápida al cerebro. El hipotálamo detecta una disminución de estas sustancias químicas del hábito anterior y envía señales al cerebro para que piense cómo nos sentimos. En nada de tiempo comienzas a pensar: “no sé, no puedo, mejor mañana, es tarde. No tengo recursos. Es que esto está muy mal”. STOP! Que podemos perfectamente tener la adicción a sufrir.

Es una respuesta lógica del cuerpo que hemos condicionado por efecto de la repetición, pero se puede cambiar. Así que el nuevo objetivo por el que trabajes que te apasione para que le dé más fuerza a esa nueva red neuronal y salga como predeterminado en tu sistema, porque ya que tenemos una especie de yonqui en nuestro interior, que sea un yonqui de vida plena.

En el pasado, decidimos estudiar esta profesión y tener comportamientos que iban con la misma, según la fase temporal en la que lo hicimos. Metimos métodos de actuación en nuestro cerebro para sostener un futuro plausible en situaciones parecidas al tiempo y entorno del aprendizaje en cuestión, sin tener en cuenta que todo cambia y no metimos en la ecuación cómo aprender métodos para cambiar. De manera, que actualmente, en la mayoría de los casos, los arquitectos están muy preparados para un escenario que ya no existe y que no existe antes de la crisis, la crisis solo evidenció la cantidad de precariedad laboral que se vivía de manera silenciosa en este colectivo. Así que vamos a extraer la lección y vamos a aprender métodos con el que facilitemos nuestro desarrollo y cambio.

Seguiremos en Arquitectos de nuestro cerebro (III).

¡Estad atentos a vuestras pantallas!

Rocío Tapia

Arquitecta Coach

www.arquicoach.com

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